Yo soy de Sarah Palin. Y sólo de ella. Me convence Sarah, me convence su historia, me convencen sus hechos, me convencen sus palabras y, en consecuencia, me siento en la obligación de defenderla, lo que hago con gusto. Por eso soy un palinista tan feroz. También soy un fanático, un ultra, un obispo de la Iglesia Palinita, un facha rematado, un tonto del culo… Me trae sin cuidado como me consideren los demás. Hay más blogs por ahí y nadie que no esté de acuerdo conmigo tiene por qué perder el tiempo leyéndome. A mí Romney, Santorum, Gingrich, Paul y todos los demás bufones de las primarias republicanas me importan una higa. Ninguno de ellos le llega a Sarah a la altura del ombligo. Ella es la única que podría haber devuelto a Estados Unidos a la senda correcta. Pero no ha podido ser. Y los demás son todos unos mequetrefes. Así que después de haber arreglado algunos asuntos pendientes que tenía y de haber hecho un pequeño viaje por motivos laborales, he decidido dejarme de tonterías y hacer eso que sé hacer de verdad: hablar sobre Sarah (y morder cuando se tercie). Así que reabro mi viejo blog, Going Rogue, Going Palin, que es el que realmente me gusta, y cierro éste que, sinceramente, no era más que un triste consuelo por mi disgusto de no ver a Sarah presentarse como candidata a la presidencia.
Este próximo fin de semana volveré a la carga. Y ya lo saben: será Sarah only. Y será también hard Sarah. Dentro de poco empezarán las elecciones de verdad (al Congreso, sobre todo) y estoy seguro de que Sarah hará mucha campaña por ahí en apoyo de sus candidatos preferidos, candidatos verdaderamente conservadores, muy teapartiers todos ellos, que son también los nuestros. Y eso habrá que contarlo porque lo de Romney, que lo cuente Rita la cantaora que lo que es yo, tururú. Ni harto de bourbon.
Y es que hay que ver lo que puede llegar a tardar uno en ver lo que tiene delante de sus narices, ¿verdad?